
La saga de El Conjuro regresa con Los últimos ritos, dirigida por Michael Chaves y protagonizada por Patrick Wilson, Vera Farmiga, Ben Hardy y Mia Tomlinson, una entrega que confirma por qué esta franquicia sigue siendo uno de los pilares del cine de terror contemporáneo. La película mantiene la fórmula que le ha dado éxito: una mezcla de suspenso, atmósfera oscura y el protagonismo del amor y la fe familiar como motor para enfrentar lo sobrenatural. Sin embargo, ese mismo recurso narrativo, que alguna vez fue su mayor fortaleza, empieza a sentirse repetitivo y hasta tedioso.
El suspenso está bien construido y los planos de terror logran mantenernos al filo de la butaca en varios momentos clave. Las secuencias de miedo funcionan, y aunque el filme sí consigue asustar, la tensión se diluye en el tramo final, justo cuando se revela al ente maligno. Ese descenso en intensidad es un patrón ya conocido en la saga, lo que le resta frescura y potencia al desenlace.

En cuanto a las actuaciones, se mantiene el nivel alto que caracteriza a esta franquicia: interpretaciones realistas y convincentes que aportan credibilidad a lo imposible. La dirección acierta en el ritmo y el manejo de las escenas, mientras que el diseño sonoro, como siempre, es uno de los grandes protagonistas que eleva la experiencia inmersiva.
A pesar de ello, la cinta deja la sensación de que pudo arriesgarse más. Faltan momentos de mayor tensión y secuencias que realmente eleven el miedo a otro nivel. Los últimos ritos es una película efectiva y entretenida, pero también confirma que la fórmula de El Conjuro comienza a necesitar una renovación si quiere seguir siendo tan impactante como en sus inicios.
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