
La nueva versión de Superman dirigida por James Gunn se siente como una adaptación que abraza por completo el espíritu del cómic. Esta no es una reinterpretación oscura ni una deconstrucción del mito: es Superman en su forma más pura, más luminosa y más entrañable.
Desde el inicio, la película deja claro su tono: colorido, optimista y con una energía que recuerda a las páginas de los cómics clásicos. David Corenswet logra lo que parecía difícil: entregarnos un Superman que transmite bondad, valentía y seguridad sin caer en la solemnidad. Su interpretación es un puente perfecto entre el encanto de Christopher Reeve y la estética moderna, alejándose completamente del estilo más serio de Henry Cavill y del tono sombrío impuesto por Zack Snyder.

James Gunn imprime su sello visual y narrativo, con momentos que recuerdan a Guardianes de la Galaxia o The Suicide Squad, pero sin perder la frescura ni la identidad propia de esta historia. Además, los guiños a las cintas originales —como la tipografía de los créditos o la tonada de John Williams— funcionan como un abrazo nostálgico que no interrumpe, sino que enriquece.
Aunque el filme está lleno de personajes, Superman nunca pierde el centro. El equilibrio es admirable, y si alguien le roba la atención, es Krypto, quien se convierte en el alma peluda de la película. Su inclusión no solo es divertida, sino perfectamente integrada al tono de la historia.

Nicholas Hoult se luce como Lex Luthor. Tiene presencia, inteligencia y una frialdad que lo posicionan como posiblemente el mejor Lex del cine. El resto del elenco cumple con creces, complementando una historia que, aunque tiene un par de momentos con CGI cuestionable, se sostiene por la solidez de su propuesta.
Superman de James Gunn es una gran aventura para grandes y chicos, un reinicio digno y prometedor para el nuevo universo DC. Es una película que no solo entretiene, sino que nos recuerda por qué Superman es, y siempre será, el héroe más grande de todos.
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